viernes, 1 de enero de 2016

-EL FANTASMA CON MALA SUERTE-




Eran las doce de la noche y el fantasma dormía en su cama. Este fantasma vivía en un desván; descansaba de día y asustaba de noche. ¿Que como lo supe yo? muy sencillo: lo espiaba por el ojo de la cerradura del desván, por el ojo de la cerradura de la imaginación.

Esa noche, igual que todas las noches, sonó el despertador y el fantasma se levantó a la carrera. Pero… ¡Oh, desgracia! Por las prisas se descuidó y piso primero con el pie izquierdo. “Noche de mala suerte” dijo:, pues como fantasma de buena cepa su deber era ser supersticioso.

Después que piso con el pie izquierdo, el fantasma corrió a tocar madera para librarse del mal agüero. Tocando madera estaba cuando… miau, miau, un gato negro apareció en la ventana “era Pancho”. “Noche de mala suerte”, volvió a decir el fantasma, y pensó que no debería ir a trabajar, pero recordó que tenía que pagar la renta del desván. “Ni modo, tengo que salir”. Preparo su sabana se encomendó a todos los monstruos y salió a la calle.


 Desde tiempo atrás tenía problemas, ya que en la ciudad era cada vez más difícil para los fantasmas encontrar calles solitarias y obscuras donde pasearse a su gusto. Por lo tanto, el prefería irse de la ciudad a recorrer bosques y llanos.

Llego, pues, el fantasma al campo y comenzó su recorrido. En eso estaba cuando, entre truenos y relámpagos, se soltó la tormenta. “Y ahora, ¿Dónde me protejo del agua? Porque, claro, estos personajes tienen prohibido usar paraguas o gabardina y además saben que es peligroso cubrirse de la lluvia bajo de los arboles; porque les puede caer un rayo. ¡Ni modo!, tuvo que emprender el camino de regreso a casa…


Entro de nuevo a la ciudad. Iba el fantasma a toda carera, cuando… ¡sazzz! Tropezó y cayó en un charco de agua. ¡Quedo convertido en una sopa!

¡Aaachú! Llego al poco rato al desván, bien resfriado. “Ojala no me dé pulmonía, -no me he vacunado contra la influencia-“, pensó. Se quitó la sabana, la puso a secar, se preparó un té y tomo una aspirina.

Ya cuando estaba en su cama se le ocurrió mirar el calendario y, cuando vio la fecha, se llevó un buen disgusto. ¡Era MARTES 13 días de descanso obligatorio para los fantasmas!
“¡QUE TAREA TAN INGRATA ES ASUSTAR A LOS HUMANOS!” pensó. Y yo dije: ¡Que mala costumbre es ser supersticioso!


El fantasma me descubrió y acerco su ojo… y yo solo hice CLIP, como si apagara el televisor analógico, y después del apagón, lo deje de espiarlo por el ojo de la cerradura, de esa PUERTA DE LA IMAGINACION…


                                                       
                                                Autoría: Ricardo F.



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