Era una noche casi fría, el azul no dejaba de tiritar entre sus piernas, -un animal convulsionante- pensaba siempre que la veía.
El hombre confecciona formas, delinea, gana lugares en batallas…
Cuando un nombre es superior al tuyo,
no hay más que sepultarlo en el cuerpo y cuando también se es demasiado cuerpo,
no hay más que hacerle creer exactamente eso, enviciarlo con su propia
gravedad, no apartar nunca el espejo.
Llego un otoño, impensable estar frente a ella más de media
hora, era irritante ver el brillo que cargaba, mostraba una mueca falsa con la que develaba a su vez un mundo falso y estúpido.
Animal
Convulsionante
-Abre…
-Ábrete-
-¿Listo?-
-Ahora
pide un deseo-

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